Reality dosis

Él salió de fiesta y yo me fui a cenar a un Japonés con ella y todas sus amigas. Fui sólo porque me lo pidió.

– ¿Cómo la pasaste? (Dijo mi amiga Argentina).

– Bien. Eran todas diferentes a mi, trabajadoras y mucho más maduras que yo. (Cada vez me gusta más interactuar con gente que no “vive” en mi mismo mundo). No tienen la mitad de prejuicios que los “niños de papá”, no tienen la mitad de envidia que nosotros y además saben como disfrutar la vida con menos. Honestamente allí me sentí una pija (aunque en mi casa me hayan enseñado a estar en todas partes y con toda clase de gente). Ninguna de sus amigas era lo que diríamos: la definición de estilo… y yo, que claramente daba la nota por ser la que más pretendía tenerlo… en ningún momento me sentí observada, sino más bien admirada y apreciada. Cenamos en un Japonés de esos que regentan una familia de chinos y donde sólo yo me había dado cuenta, pero casualmente fui la que mas disfrutó de la cena. Aún así no pude evitar ser quien soy; y cuando nos íbamos no me resistí a decirle Xie Xie (gracias en chino) al camarero, a lo que él respondió Zaijian (adiós en chino) y salí triunfante del restaurante diciendo: lo veis, son chinos.

Moraleja: Llegué pensando que era la más culta y me fui de allí siendo la más mema, pero eso me ayuda en el camino a aprender cada día a ser un poco menos estúpida y más mejor persona.

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